Diseñar no es decidir, es influir: soft power en diseño estratégico

5 min de lectura · 14 jul. 2025

Como diseñadores de productos, servicios e interfaces rara vez decidimos presupuestos, roadmaps, esquemas de monetización ni metas de negocio. Y no vamos a transformar la organización hacia una cultura user-centric solo «porque mejora la experiencia».

‘Diseño estratégico’ suena grande, pero no te otorga automáticamente un asiento en la mesa donde se definen las prioridades de negocio.

Y si no tenemos el poder de decidir… ¿cómo hacemos para que las cosas cambien?

De diseñadores a diplomáticos corporativos

Diseñas un producto con opciones de gestión que hacen sentir a los clientes empoderados, pero el Product Owner dice: «solo haremos la contratación porque debemos salir el próximo Q». Fin del cuento.

En política corporativa, somos como embajadores: representamos los intereses de las personas usuarias en un consejo donde no tenemos voto, pero sí voz. Proponemos, asesoramos, diseñamos, pero no tenemos la última palabra.

Para lograr cambios, necesitamos lo que no se dibuja en Figma: influencia.

El éxito del diseño es proporcional a nuestra capacidad de:

  • Alinear visiones de negocio, tecnología, legal, compliance, etc.
  • Entender que «mejor experiencia» no siempre gana contra «reducir costos en un 10%».
  • Influir para que, cuando se defina qué vender o cómo construirlo, las personas también se beneficien y no queden como daño colateral.

Y aquí entra lo que no viste en el bootcamp: el soft power.


Soft power: el arte de que otros quieran lo que tú quieres

Joseph Nye lo definió como «la capacidad de lograr lo que uno quiere porque otros quieren lo que tú quieres». No es imponer, sino influir mediante atracción y credibilidad.

Es lograr que tu visión sea tan deseable que otros la defiendan como propia.

En contraste, el hard power es el poder formal. En la oficina, lo tienen los POs y los líderes de producto o tecnología: aprueban presupuestos y definen prioridades. Son quienes pueden mandar al backlog tu propuesta con un correo de tres líneas; tu reto es lograr que ese correo diga lo que necesitas que diga.

En política internacional, el soft power se construye con tres recursos: cultura, valores y política exterior legítima. En diseño estratégico, se traduce así:

  • Cultura. Construir un ‘lenguaje común’ entre diseño y negocio: frameworks, visualizaciones y narrativas que otros equipos quieran usar sin que se los impongas.
  • Valores. Defender principios clave de forma coherente: centrado en usuario, viabilidad de negocio, ética de datos. Si eres consistente, te conviertes en referente.
  • Política exterior legítima. Colaborar de forma transparente con otras áreas. Cuando legal te pregunta cómo hacer algo «más user-friendly», estás ganando influencia.

Cómo construir soft power como diseñador estratégico

El soft power no es carisma ni humo político: es estrategia. Se construye con acciones concretas y consistentes.

1. Diseña tu narrativa, no solo el producto

No presentes «un nuevo onboarding».

Presenta «una reducción del onboarding de 9 a 4 pasos que evita que 15% de usuarios abandone antes de abrir su cuenta».

Habla en métricas, riesgos y beneficios. Es el idioma del hard power.

2. Define tu propuesta de valor interna

«Mejorar la experiencia» no es suficiente. Encuentra el problema sistémico que resuelves.

Si la empresa quiere «democratizar la inversión», diseño agrega valor a partir de «empoderar a nuevos inversores con información clara y confiable».

3. Gana terreno con quick-wins visibles

Haz visibles pequeñas victorias que muevan métricas críticas para negocio o ingeniería.

Ejemplo: negociar con legal para reemplazar una firma en papel por una digital. Cumple la regulación, reduce fricción de contratación y para usuarios es experiencia sin burocracia.

La visibilidad es combustible para tu influencia.

4. Forma alianzas estratégicas

Identifica a quienes definen qué se construye y cuándo, y conviértete en su socio confiable.

Adelántate con soluciones que sirvan a sus objetivos, no solo a los tuyos.

5. Evangeliza diseño de forma útil

Menos charlas ‘inspiradoras’ difíciles de materializar.

Más entrenamientos cortos, guías, templates que otros equipos adopten sin que estés presente.

Cuando tu forma de trabajar se replica, tu influencia se multiplica.


La realidad: esto toma años y paciencia

El soft power no se gana en un taller ni con una presentación estilo TED Talk. Es un capital acumulativo que toma años y consistencia.

Tampoco es un esfuerzo individual. Un diseñador aislado puede ganar aliados puntuales, pero si el área de diseño no actúa de forma coordinada, esa influencia se diluye.

Cada rol y cada nivel tienen una parte: desde los juniors que replican las buenas prácticas, hasta los leads que negocian y mantienen las alianzas.

El soft power es un músculo colectivo. Se construye como estrategia de equipo, no como hazaña de unos cuantos iluminados.

No siempre funciona

A veces tu propuesta se cae, tu aliado cambia de rol o las prioridades se reordenan.

Aquí el activo es la resiliencia estratégica:

  • Aprende por qué falló.
  • Ajusta tu narrativa.
  • Mantén tus alianzas clave para el siguiente intento.

Tu diseño puede ir al backlog, pero tu influencia sigue ahí para el siguiente round.


Diseñar decisiones

El soft power no es ass kissing, es estrategia.

Como diseñador estratégico, tu trabajo no es solo entregar propuestas; sino lograr que negocio, tecnología y cualquier otra área vean tu propuesta como suya.

En las mesas de decisión no gana el que tiene la última palabra, sino quien moldea el contexto para que la última palabra esté alineada a su visión.